Fisterra, faro final

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Esto va de faros, de cubrir distancias entre los ocho faros más importantes de la Costa da Morte… De norte a sur, y por oden de paso: Sisargas (no se llega, pero se observa desde la salida de Malpica), Punta Nariga, Faro Roncudo, Laxe, Camariñas, Muxia, Touriñán i Fisterra, faro final… Punto de partida de los recuerdos, y punto de conexión de los caminantes, llamados trasnos entre los asistentes. Han sido 7 días intensos, de potenciar mis sentidos, mi resistencia, gestionar los silencios, los cansancios y las molestias… Días de comer sin hambre y beber sin sed, porque el sobreesfuerzo exige un aporte para que el desfallecimiento no te coja, porque no suele avisar. 8 días (7 en mi caso), 8 faros, y uno que se quedó delante nuestro en el inicio, en la reserva natural y de aves de las Islas Sisargas, que ya visité en la vez anterior que estuve en la Costa da Morte.

De izquierda a derecha, fotos de los faros por orden de paso. Punta Nariga (con Dani), Roncudo, Laxe, Camariñas, Muxia, Touriñán y Fisterra.

Empecé esta aventura sólo y en una voluntaria soledad, buscando mi umbral del silencio, y lo acabé con ese punto de euforia compartida que me ha acompañado todo el camino, 203 kilómetros, 8 etapas en 7 días. Inicié el camino en el turno del lunes, con el otro solitario del camiño, el polaco Marcin, que tenía la pausa y la paciencia para hacer fotos espectaculares, mientras otros siempre íbamos con la prisa del reto deportivo, casi haciendo fotos y videos sin parar. Cada uno tiene un carácter.

La doble etapa me hizo adelantar un turno, y encontrarme, primero con las chicas de Cantabria, las facebookianas de la ruta. Gran colección de fotos y siempre una sonrisa. A sus atardeceres rojos… El gran Serrat les cantaría aquello de mi Mediterráneo, porque su ritmo estaba a las antípodas del mío: veían anochecer en ruta. Genial. Cada uno hace su camiño, y el de cada uno es diferente.

Después, María José y el italiano Francesco (rebautizado como Patxi por las navarros), un ratito de la sexta etapa, y la última, disfrutando de su compañía. Son andadores veteranos y con experiencia. Yo, en cambio, era la primera gran ruta, y además siempre iba corriendo.

Y el último, el grupo de los navarros. Qué ritmo, regular y muy seguro. Andando me costaba seguirlos; corriendo, claro, no. Ha sido mi gran enseñanza. Me he encontrado cómodo corriendo, pero torpe y lento andando. Asignatura pendiente. Os dejo las fotos de algunos de los grupos del camiño, gracias a Fernando, que me las ha pasado.

Fisterra: quién dijo que esto se acaba?

Personalmente, la de Fisterrra ha sido la etapa más difícil, pero por las condiciones del tiempo. La intensa lluvia a partir de las antenas, hizo el final complicado, y más como fue mi caso, no llevaba el abrigo adecuado. El chubasquero no sirve, te cala. Al paso por Fisterra y con la lluvia y la niebla tapando el Faro, la última subida la dejé para el lunes que, afortunadamente, salió soleado y pude cazar la instantánea del séptimo faro alcanzado.

Y llegó el final de todo ésto, que genera endorfinas suficientes y buen rollo para emprender los más de mil kilómetros de vuelta a casa. La etapa entre Nemiña y Fisterra la inciamos en Lires. La marea podía hacer que, al atravesar la playa de Nemiña, la etapa ampliara de forma significativo el resultado final. Cultura taxista que aconsejó el traslado a la vecina Lires. Etapa dura, con llano, playa, senderos por acantilados… Especialmente pesado la travesía de la Praia do Rostro i la correspondiente subida a la Punta do Rostro. Playas, cabos, puntas y miradores es una constante del camiño, fiel a esos dientes de sierra que siempre teníamos que hacer en el mapa peninsular cuando, en el colegio, dibujábamos el mapa y teníamos que hacer esa gran cantidad de entrantes y salientes de la costa gallega, especialmente, la de la Morte.

Playas, cabos, puntas y miradores es una constante del camiño, fiel a esos dientes de sierra que siempre teníamos que hacer en el mapa peninsular cuando, en el colegio, dibujábamos el mapa y teníamos que hacer esa gran cantidad de entrantes y salientes de la costa gallega, especialmente, la de la Morte

Bahías y ensenadas tranquilas comparten paisaje con grandes acantilados de aguas bravas. Grandes y frondosos bosques, con vegetación de matorrales, helechos, cardos y otras especies punzantes, que te hacen estar muy atento al camino. Algunos caminos, con cerrada vegetación que, en algunos casos, crean un microclima cálido, con un calor que notas como sube desde la tierra.


La etapa de Fisterra te permite despedirte como empezaste en Malpica, con estrechos senderos lindando los acantilados por los que puedes ver las formas diferentes que causa la erosión del mar en las rocas, dibujando, por ejemplo, este saliente en forma de cocodrilo agazapado esperando salir a por su presa. La subida al Faro la realicé al día siguiente. El domingo, la cima está cubierta de una espesa niebla, que seguramente reducía la visibilidad de la estampa que sí tuve la fortuna de ver el lunes, con un sol radiante.

La experiencia del camiño no se olvida, y engancha. He tratado de contar mi experiencia más allá de lo que iba viendo. He tratado de contar lo que iba sintiendo en cada momento, compartir las sensaciones que tenían los amigos caminantes y, para todos ellos, y muchos con experiencias en grandes rutas y montañas, la Costa da Morte es una ruta diferente a todas, que la hace única y realmente encantadora.

Celebración y homenaje

Dejo para el final, lo que del principio ha sido mi mayor apoyo: Dani, gestor de Casa de Verdes, en la parroquia de Cundins, de Cabana de Bergantiños, y desde donde hace dos años, en mi primera visita a la Costa da Morte, empecé a dibujar este desafío. Y María, que ha tenido siempre palabras de apoyo. El octavo faro, no fue ni de piedra ni a la orilla del mar, fue degustar y compartir un buen chuletón de rubia gallega, en el Puerto Fisterra, donde Kiko, amigo personal de Dani, nos trató de maravilla.

Y, por último, la referencia inicial, el banco de los Picotiños, donde un día antes de iniciar la ruta, la altura me sirvió esta imagen de la Costa da Morte, que me puso a los piés el desafío.

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Los silencios del Camiño

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En la radio, un segundo de silencio, es una eternidad. En la televisión, un segundo sin imagen es una tragedia. Cuando nace tu primera hija/o, un segundo sin escucharle respirar es una alarma de pánico pegada a tu almohada En la Costa da Morte el silencio sólo lo rompe el mar y su oleaje, las gaviotas que encuentran en estas costas su hábitat natural, y los insectos, que te acompañan con sus seseo toda la etapa. Abejas, avispas y lagartijas es parte del paisaje. Sonidos de los pequeños anfibios, asustados por nuestra presencia, son las únicas voces que me han acompañado. Hoy, los navarros y María José y el italiano rebautizado Patxi.. han sido acompañantes esporádicos de mi etapa. Empiezo a superar el umbral de silencio que vine a encontrar. En Malpica, la ausencia de ruido era una necesidad. Camino de la surfera playa de Nemiña , era más consciente del silencio voluntario de este viaje. Me siento más yo…  y en Nemiña, entre risas y cervezas, el silencio dejó  paso al  magnífico ruido tabernero. Objetivo cumplido. Cuando dejan de molestar el ruido y las palabras,  te das cuenta que el mundo no ha dejado de rodar sobre sí mismo. Yo, sí.

Praia de Nemiñ desde Talón

Nemiña, hermanada con Niñons

La séptima etapa es la más dura, sin duda. Rivaliza con Niñons-Ponteceso, pero no tiene en cuenta que, para los caminantes que se alinean con la Costa da Morte en ocho días seguidos, llegar a Nemiña es mucho más duro que hacerlo a Ponteceso. Las dos tienen un final con déficit de peñascos y exceso de asfalto. Pero las dos son etapones con el sello del Camiño dos Faros. Un sube-baja casi habitual, y la bravura del mar y los peñascos como imagen continua, como el atrezzo teatral de una obra marina.

Descubres al pescador de pulpos, al percebeiro, la embarcación de recreo, el collage que forman las manchas de espuma encalladas en calas de bella vista y difícil acceso. Camino de Nemiña, cuesta olvidar Muxia. La ves próxima al salir, esbelta al subir el primer peñasco (dos exigentes subidas de inicio) y siempre presente, con el Faro del Cabo Vilán como testigo de nuestra mirada. Es el momento mágico del camiño, cuando la vista llega a dislumbrar tres faros. Muxia, Touriñan y Vilán.

El Camiño llega a su fin. Espera Fisterra, poniendo cara al fin del mundo. Aquí coinciden santiaguistas y faristas. Muchos de los que llegan al camiño, lo han hecho después de conocer el institucional camino apostólico. Otros, lo hemos descubierto por sorpresa. Si te acercas a la Costa da Morte, te enamoras de ella, y dejas un trozo de ti en sus acantilados. Y por eso, siempre tienes en mente volver. Mañana, al fin del mundo.

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